Y él

Los dos, como marejada agitada contra la orilla, que vienen y van pero siempre están. En la metáfora de cogerse de la mano con los labios. A una, los dos.

Variedad, mente y cuerpo. Complejidad hecha naturalidad, que te invade, arrastra a querer; querer sin medida, sin adversidad.

Porque no tiene la mayor importancia que se derrumbe el mundo cuando quieres a alguien como nunca antes quisiste a nadie.

Que se caiga el mundo, que aquí seguiremos.

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