Espero…

Espero que no.

Nunca,

jamás,

en la vida,

ocurra.

Pero si algún día decides marcharte,

llévate las caricias en el llanto,

o los besos húmedos bajo la ducha.

También los abrazos eternos,

buscándonos.

Llévate los momentos en viajes,

en casa,

tumbados,

amándonos.

Llévate los presentes, pasados y futuros,

los lazos de todos los regalos.

Llévate la escalera,

con la que trepaste de mi estómago a mi corazón.

Llévate el avión,

con el que nos teletransportábamos a otros universos

cuando la vida nos pesaba y empujaba

sin cesar.

Llévatelo todo,

porque en ningún barco la tripulación navega sin capitán,

y ningún avión atraviesa fronteras sin pilotaje.

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