Cosmos, parte I

Y contando sus lunares me quedé atrapada en un cosmos del que no supe rehullirme, ni rebullirme.

Lo mío con su piel era más que dependencia emocional. Nos electrificábamos mutuamente, pero siempre yo salía mal sin parar.

Me acostumbré al dolor, al de sudar en otras sábanas y decorar las mías con sueño. Me acurrucaba y lo intentaba, pero las arrugas en la sábana pesaban más que mil ultrajes. 

Sus lunares pasaron a ser el agujero negro, donde caer no era el problema, sino encontrar el viaje de vuelta.

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