reflexiones

Sol(edad), parte II

Nos encontramos cuerpo a cuerpo con la soledad. Nos bofeteó tras tanta compañía. Nos quiso como nadie nos había querido, aunque nosotros a ella la rechazábamos. Condicionamiento social. Autoestima que nos impedía estar a solas con nuestra propia soledad.

Nos abrazó cuando nadie entendía deber hacerlo, nos comprendió como nunca se habían parado a escucharnos, posicionarse, recogernos con pala del suelo. Nos abrigó en las noches eternas sumidas en llanto, y en las tardes de los domingos vacíos de planes. La soledad estaba ahí, con nosotros.

Con su tacto suave y su silencio impoluto, nos mantenía a salvo de una realidad que nos hundía cada vez que pisábamos la primera losa de la calle. Nos hablaba, sin articular palabra, y nos hacía reflexionar sobre cualquier aspecto de la vida. Por minúsculo que fuese. Y ahí estaba soledad, con nosotros, sentada o tumbada en nuestra cama, contando los mismos puntos del techo que nosotros.

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