poesía

Si fuera tú, si fuera abuela

Me contagiaba de vida con cada caricia,

sus venas marcadas

sus dedos delgados

sus manos entrelazadas con las teclas.

Era la musa del propio teclado,

la nota que se hila en el pentagrama,

la música contenida en sí misma.

Era la sabiduría, y la angosta tragedia de perder los años

aunque la flor siguiese intacta en su interior.

Era las ganas de vivir a pesar de los meses

que te dicen

“mañana ya no amanecerás”.

De la lucha, de la fuerza, se salvan dos personas.

Las que como tú, ruedan a contracorriente

sobrepasando la gravedad de los cuerpos,

sobre la superficie de un mar que,

como siempre decías,

nunca amanece como lo hizo ayer;

Y esas personas, que como tú,

restan peso a la presión del dolor por la pérdida.

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