Crítica·reflexiones

¿Estudiar o salud?

Que alguien me hubiese salvado de decidir estudiar en la Universidad. Pero sobre todo, que alguien me hubiese instruido para no sucumbir al estigma de quienes no pueden con las asignaturas ni con las valoraciones subjetivas de los catedráticos. Porque no son profesores con nociones en pedagogía, simplemente son catedráticos -quede bien marcada esta palabra en nuestro ideario, porque la diferencia es abismal-, personas que han publicado con gran conocimiento pero que les importa más bien poco si su materia llega o no al alumnado, el cual -irónicamente- en esta sociedad de educación pública, paga como mínimo 750€.

De modo que, estudiar en la Universidad es como adentrarse en la pampa argentina, o en el desierto africano. Nadie te va a proporcionar agua para que tus raíces crezcan, simplemente, tú, con tu propia voluntad deberás hacerlo, pero también, con los puntapiés y zancadillas de los propios catedráticos y, lo que es peor, de tus propios compañeros.

La esperanza de encontrar personas maduras, humanas, compañeras se esfumó en el primer cuatrimestre del primer año. Conveniencia, interés, maldad, competitividad y muchos adjetivos peyorativos florecieron en los meses posteriores al primero.  Sin compañeros que merezcan ser considerados amigos, y sin profesores… ¿qué es lo que hacemos estudiando esos ‘grados’? Ya ni sirven como licencias de haber aprendido. Incompetentes te rodearán en clase. Personas que no tienen tan siquiera gusto por lo que se estudia en la clase en la que permaneces sentada durante cuatro horas diarias, escuchando el tostón de hombres machistas de larga edad y mujeres desaferentizadas de la modernidad -con excepciones, obviamente-.

Pero la cuestión no es lo mal que te hacen sentir, la frialdad de las relaciones sociales que se dan en el campus o en la facultad… sino cómo terminarás sintiéndote a los tres años, y a los cuatro (y si no es valorado con sus notas subjetivas, cinco años, y seis, y siete, u ocho, que más da, si estás pagando).

Puedes ser un genio, que terminarás atrofiado. Puedes ser maravillosa en ciertas disciplinas, que te harán sentir que sin sobresaliente nunca valdrás la pena.

Lo siento, este sistema educativo me da arcadas -metafóricas- y me quita la salud -fideligno- a base de nervios, cólicos, estrés, baja autoestima, tristeza, depresión, ansiedad…

En fin, os cuento esto por una plataforma gratis, y no por un ensayo en la Universidad. Puede no ser relevante, pero cuando los “”””””””profesores””””””””” catedráticos te valoran por asistencia y no por tu trabajo o creatividad, las ganas de rebelarse o expresarse ante ellos se reducen a nulas.

Al menos aquí entendéis lo que es expresarse con libertad.

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